Hace casi 8 meses escribí esto con la idea de nunca olvidar ese día. Lo escribí un 16 de Noviembre, el día que falleció mi abuelo. Por pena, nunca lo subí al blog. Hoy, sigo con pena, más por la mala ortografía y la redacción, pero ya no me importa tanto. Espero a quien se tope por accidente esto, le guste y logre sentir lo que yo, ese día.
Juchiteca C.
Los hombres no pueden lidiar con el llanto de una mujer.
Estaba terminando de secarme la nariz. Habia llorado por 25 minutos en el baño del aeropuerto. Todo se había juntado. Entre la despedida de mis alumnos, la premura del viaje, la noticia de que Él estaba grave, el accidente del vuelo, todo, todo me hizo ir al baño, encerrarme y llorar.
Lloré tanto como pude, lloré intentando no hacer ruido, pero despues el sentimiento fue tanto que incluso yo me sorprendí haciendo esos ruiditos raros que los niños hacen cuando lloran. Mi naríz se congestionó. La gente afuera me escuchaba y fingian no oir nada. Lo se porque yo lo he hecho. Decidí que era momento de parar, debia enfrentar la realidad, buscar mi maleta y rogar que no se perdiera, pedir que me dieran las instrucciones correctas de a dónde y con quien debía dirigirme para tener un nuevo boleto, armarme de valor y llamar a mi madre para decirle lo sucedido sin llorar, obviamente (ese era el esfuerzo, no llorar mas y rogar que Él siguiera ahí para cuando llegara).
Cuando sali del baño me dirigí al lavadero como si nada hubiera pasado, como si todo estuviera bien. Al levantar la cara hacia el espejo, pude notar las miradas de las demás mujeres en ese sanitario. Me veían, pero inmediatamente volteaban a otro lado. Era como querer ayudarme pero, temiendo que volvieran las lágrimas, simplemente decidían ignorarme. Salí con los ojos rojos, restos de mocos en la naríz y paso firme. Me dirigí a los boletos. El chico del mostrador notó mi llanto, lo se. Mis ojos siempre miden un centímetro mas después de llorar. Mi cara se hincha y la naríz sigue produciendo mucosa. Años de experiencia lo confirman, él notó mi llanto.
Después de intentar explicarme sin llorar, y de pedir de la forma más amable que me ayudara,me dirigí por mi maleta. Ya me habia tratado mal una chica de la aerolinea y gustosa, al escuchar mi acento me negó el acceso con una sonrisa en los labios, por eso era necesario ser lo más amable posible y esconder mi hablar norteño. Pasé por pasillos pequeños y recónditos, dónde los vigilantes que me permitian la entrada notaban mi llanto. Me volví a perder pero rápido encontré el lugar. Quién me atendió (que también era hombre) me dio la mala noticia de que mi maleta si había alcanzado a subirse al avión. Me dijo de la manera mas bonita que no me preocupara, que seguramente la retendrían en el aeropuerto y que esperarían por mi (obviamente también notó que había llorado, pues me miró la cara extrañado).
Como mi posible vuelo era hasta dentro de 3 horas, decidí comer algo y leer un poco. Al cabo de un rato me avisaron que Él ya había muerto. Con lagrimones en la cara y silencioso lloriqueo, me dirigí a preguntar cuanto faltaba para que anunciaran la sala de despegue. Esta vez no me importó que nadie me viera o notara nada. Mi abuelo había muerto, y yo seguía varada en el aeropuerto.
Cuando por fin fue momento de irse, me volví a topar con la mujer que me negó en un principio, el acceso al avión. Pasé a un lado de ella y en mi mente deseé fuertemente que el resto de su vida sea miserable.
Juchiteca C.
Los hombres no pueden lidiar con el llanto de una mujer.
Estaba terminando de secarme la nariz. Habia llorado por 25 minutos en el baño del aeropuerto. Todo se había juntado. Entre la despedida de mis alumnos, la premura del viaje, la noticia de que Él estaba grave, el accidente del vuelo, todo, todo me hizo ir al baño, encerrarme y llorar.
Lloré tanto como pude, lloré intentando no hacer ruido, pero despues el sentimiento fue tanto que incluso yo me sorprendí haciendo esos ruiditos raros que los niños hacen cuando lloran. Mi naríz se congestionó. La gente afuera me escuchaba y fingian no oir nada. Lo se porque yo lo he hecho. Decidí que era momento de parar, debia enfrentar la realidad, buscar mi maleta y rogar que no se perdiera, pedir que me dieran las instrucciones correctas de a dónde y con quien debía dirigirme para tener un nuevo boleto, armarme de valor y llamar a mi madre para decirle lo sucedido sin llorar, obviamente (ese era el esfuerzo, no llorar mas y rogar que Él siguiera ahí para cuando llegara).
Cuando sali del baño me dirigí al lavadero como si nada hubiera pasado, como si todo estuviera bien. Al levantar la cara hacia el espejo, pude notar las miradas de las demás mujeres en ese sanitario. Me veían, pero inmediatamente volteaban a otro lado. Era como querer ayudarme pero, temiendo que volvieran las lágrimas, simplemente decidían ignorarme. Salí con los ojos rojos, restos de mocos en la naríz y paso firme. Me dirigí a los boletos. El chico del mostrador notó mi llanto, lo se. Mis ojos siempre miden un centímetro mas después de llorar. Mi cara se hincha y la naríz sigue produciendo mucosa. Años de experiencia lo confirman, él notó mi llanto.
Después de intentar explicarme sin llorar, y de pedir de la forma más amable que me ayudara,me dirigí por mi maleta. Ya me habia tratado mal una chica de la aerolinea y gustosa, al escuchar mi acento me negó el acceso con una sonrisa en los labios, por eso era necesario ser lo más amable posible y esconder mi hablar norteño. Pasé por pasillos pequeños y recónditos, dónde los vigilantes que me permitian la entrada notaban mi llanto. Me volví a perder pero rápido encontré el lugar. Quién me atendió (que también era hombre) me dio la mala noticia de que mi maleta si había alcanzado a subirse al avión. Me dijo de la manera mas bonita que no me preocupara, que seguramente la retendrían en el aeropuerto y que esperarían por mi (obviamente también notó que había llorado, pues me miró la cara extrañado).
Como mi posible vuelo era hasta dentro de 3 horas, decidí comer algo y leer un poco. Al cabo de un rato me avisaron que Él ya había muerto. Con lagrimones en la cara y silencioso lloriqueo, me dirigí a preguntar cuanto faltaba para que anunciaran la sala de despegue. Esta vez no me importó que nadie me viera o notara nada. Mi abuelo había muerto, y yo seguía varada en el aeropuerto.
Cuando por fin fue momento de irse, me volví a topar con la mujer que me negó en un principio, el acceso al avión. Pasé a un lado de ella y en mi mente deseé fuertemente que el resto de su vida sea miserable.
Comentarios
Publicar un comentario
Comentarios, dudas, recetas, patrones, mentadas, invitaciones, regalos, comida, dinero?