Me desperté muy temprano, como si tuviera algo que hacer. En realidad creo que mi mente se cansó de estar triste y decidió que era buen momento para iniciar con la cantaleta del futuro incierto y el recuento de los logros obtenidos en la vida. Bajar a la cocina por café y no verla, no saber de ella, me deja un sabor amargo. Fueron 19 años juntas, pero la vida le empezaba a pesar. Ya abajo pienso en que debo ir recogiendo sus platitos de comida, pero no me siento lista aún. Sería como borrarla de un día para otro y no puedo con eso. Debo recalentar un poco más el café, pues tenemos 21° (y es canícula). La lluvia de hace días me ha dejado un dolor de espalda y pierna que no me deja moverme a gusto. Trueno poco a poco. Debería tomar una galleta con ese café. En la tele el noticiero muestra el clima a futuro, el cual se ve prometedor y alejado de los 40° que habíamos venido sintiendo. A mi madre le urge el sol para lavar unas toallas, como cada semana. Al subir las escaleras pienso en qué ...
La vida de una mujer obsesiva