Me he puesto a pensar en escribir como me siento últimamente. Después de una pandemia, mi vida a dado un giro el cual no estaba lista para aceptar. Sigo sin aceptarlo. De vez en cuando reniego de mi realidad y mis obligaciones y me quiero morir, pero luego pasa, mi cerebro se entume y simplemente fluye con la corriente.
En esta última semana, puedo decir que mis problemas mentales me han dado más molestias que en los últimos 2 años. Si soy sincera, no me sorprende. He estado "estable", en modo automático, así que, digamos que mi cerebro se ha cansado y simplemente abandonó el barco. Já. ¿Te ha pasado que ni siquiera eres capaz de llorar? ¿De sentarte y proponerte llorar para liberar todos esos sentimientos y emociones que traes encima? Pues, así estoy. Ni una lágrima. Tal vez necesito alcohol, o menos café en mi sistema. Por eso me he decidido a escribir, tal vez así logre llorar y volver a recargar la energía que necesito para continuar con mi "trabajo". Y ni mencionemos el insomnio, o la falta de hambre que de repente siento.
Lo único que me ayuda son los gatos. Ahí, echados a un lado mío, dándome calor y compañía. Muchas veces pienso que lo único que me mantiene viva son los gatos. Si no estuvieran, quien sabe dónde estaría yo. Suena frío, lo sé, pero a fin de cuentas ya nada importa.
Santa Juchiteca
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